Eva Mare Terra

Eva Mare Terra

dimecres, 5 de novembre de 2014

El arte de poner límites

Imagen de Lindy Longhurst

Sí, todo un arte el poner límites. Parece que algunas personas lo llevan “incorporado de fábrica”, es decir, que no les resulta dificultoso, que lo hacen de forma natural, casi sin que se note, incluso me atrevo a decir, como si su aura estuviese blindada y sin el menor esfuerzo, nada penetrase en ell@s. No es este mi caso particular. De hecho soy altamente permeable. Esto conlleva aspectos positivos, y otros no tanto… me permite conocer a las personas más allá de lo que muestran, de lo que mostramos, viendo lo que yace en las profundidades (con margen de error natural, no soy una máquina). Si confío en mi intuición, esta me lleva por el buen camino, y capto energías, digamos, más sutiles. En mi trabajo me ayuda a ponerme en el lugar de la otra persona muy fácilmente, como si yo me disolviera y entrará en el universo ajeno. 


Esta permeabilidad, esta disolución, sin embargo, comporta otros aprendizajes que para mí son de lo más potente. Y es el arte de poner límites. 


Retrocediendo en el tiempo, y tal como compartí en nuestro último círculo de mujeres, mi madre siempre comenta que cuando era pequeña siempre decía “No” a todo. Me impacta, porque de hecho, la percepción que yo tengo es que toda la vida he dicho “Si” a casi todo (muchas veces queriendo decir No…). Dónde ha ido a parar esta niña ? Es evidente que habita en mí, que es mi esencia, y que en algún momento ella se perdió en un mundo en el que eligió satisfacer a los demás para agradar, en lugar de conservar su capacidad de decisión. 


Para alegría personal, esa “fuerza del No” ha regresado a mí desde hace ya algún tiempo. En mis aprendizajes esta “lección” debía ser mirada y gestionada sin más demora. De nuevo, siento, y especialmente, desde el verano, que vuelvo a decir a todo que no (o a casi todo…). Me maravilla lo que mueve una simple palabra… las reacciones… una y otra vez han surgido situaciones para que tuviese que elegir entre mi Verdad, o la de los demás. Decir No muchas veces provoca enfados de respuesta titánica, de niveles altamente variados. Encajar todo esto me ha costado más, por la falta de práctica, que el mencionar tan sencilla palabra. 


Estos “Nos” reiterados surgen de una necesidad vital de buscar mi espacio, de establecer mis límites, de proteger mi tiempo y lo que hago en él. 

Lamentablemente no puedo estar disponible para todo el mundo, al menos ya no. He decidido estar disponible para mí misma de una vez por todas. Esto no significa que vaya por el camino de una ermitaña, sino que elijo cuando es el momento para abrirme. Esta es la diferencia, “Elijo”.


Es imposible estar disponible todo el tiempo, y eso es lo que me he estado exigiendo muchos años. Ya no. Nuestra disponibilidad tiene límites. Nos entregamos a la otra o al otro con amor, y cuando es el tiempo de terminar, debe terminar, y pasar a otra cosa. Sin remordimientos, sin culpabilidades. 


Anhelo conseguir ese equilibrio entre el dar y el recibir. Hay momentos de entrega, y hay momentos para buscar nuestro espacio. Y me fascina como se mueve la energía, porque realmente se han producido cambios en mi vida significativos desde que he sacado a pasear a esta guerrera amorosa. Me gusta decir no. Y como me está gustando decir no, para mí es mucho más fácil decir sí. Porque esta vez, será un “Sí” sincero, verdadero. En definitiva, me muestro como una mujer más auténtica. 


Otro factor importante, lo confieso, es que cada día que pasa me importa menos lo que se piense de mí. Me importa seguir mi camino, ser coherente con mi alma. La buena noticia es que jamás podremos agradar a todo el mundo, hagamos lo que hagamos, lo cual, en realidad nos da una libertad absoluta de decidir sabiamente. 


Personalmente prefiero un No sincero, a un Sí falso o forzado, por parte mía y por parte de los demás. El arte de poner límites, al final, es una lección de amor. Amor hacia nosotr@s mism@s y hacia las otras personas. Una vez más, el respeto como pilar en nuestra vida. 


Curiosamente inspirada por la inminente Luna llena, y sintiendo que este escrito es también parte de ese poner límites, me despido con todo amor,


Eva

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