Eva Mare Terra

Eva Mare Terra

dissabte, 31 de maig de 2014

Fiel a mí misma



Imagen de Lindy Longhurst


Ahí va toda una reflexión y sentir personal que deseo sirva a muchas y muchos más para reafirmaros como personas, con vuestras creencias, sentires, virtudes y defectos, al final somos nosotras las que debemos caminar el camino y no debemos dejar que nadie, repito mil veces, nadie camine ni un solo paso en nuestro nombre. Tarea a veces nada fácil… os lo confiesa alguien que ha claudicado más de una vez en honor a la armonía y “el no querer entrar en un conflicto”. A veces estas desarmonías y conflictos son necesarios para marcar nuestros límites. La vida nos los pone delante para que tomemos las riendas y para que decidamos desde ese instinto que ya en el primer momento nos avisó de que había “algo” que no iba bien.

Empiezo contundente: A día de hoy puedo afirmar que me importa poco lo que piensen de mí. Sólo me importa lo que yo misma pienso y siento acerca de mí. Si soy fiel a mis ideales, a mis sentires, y sobre todo, si soy coherente. Ha llegado un punto en el que no puedo soportar la presión interior cuando me soy infiel a mí misma, algo pulsa rebelándose y produciendo una especie de potentes efectos colaterales en cadena.

Dedicarse al acompañamiento a personas, sobre todo mujeres en mi caso, es sagrado. El respeto hacia el ser que tenemos delante es algo que jamás debemos olvidar. Es un terreno de intimidad, de acompañar con amor y respeto, de ir despacio, de conocer también mis límites personales en lo que puedo y no puedo sostener, de comunicación clara, de coherencia, de sinceridad, de honestidad. Lo digo claro, no es un negocio. Es un vínculo entre dos o más personas (depende si es en terapia individual o en grupo) que debe ser tratado con el máximo tacto y delicadeza.

Tomar ventaja de la vulnerabilidad de la otra es algo en lo que jamás debemos caer. Pensar más en el “negocio” que en el asunto que tenemos delante no es honesto ni es honrar el vínculo sagrado que pretendemos establecer.

Veo mucha luz, y también veo mucha oscuridad. Algo que me indigna profundamente es intentar sacar un beneficio del dolor ajeno, enganchar a personas con argumentos que ni se conocen es como una bomba de relojería que puede explotarnos en la cara.

Los juicios, las palabras, los argumentos ajenos no deben provocar un alejamiento de nuestra esencia. La firmeza interior, esa coherencia con nuestra alma, hace que a pesar de la tormenta externa, aguantemos con dignidad todo lo que nos venga encima.

Invocar a la guerrera interior, a la que pone límites, a la que se expresa, es un deber que tenemos. Tomar las riendas de lo que queremos y como lo queremos no es control, simplemente es empoderamiento personal.

Escuchemos a nuestro corazón, a nuestra alma, sólo ahí está nuestra Verdad.

dimecres, 28 de maig de 2014

Soy doula... reflexionando sobre la vida y sobre la muerte





Imagen del libro “Las voces olvidadas”


Sí, soy Doula. Me ha costado creérmelo, y lo soy. Me expongo en este nuevo post para compartir mi sentir en lo que siento que es y en lo que será mi camino de Doula. 

Formarme como doula ha sido una de las experiencias más sanadoras a nivel personal, pues venía de un enorme “bloqueo” hacia la maternidad. Miedo, rechazo, conflicto con el cuerpo femenino y con sus ciclos… al final mi cuerpo se quejó. El dar luz a todas estas creencias tan profundamente arraigadas, y sanar esas heridas poco a poco, entenderlas, sentirlas, ha sido lo que me ha catapultado al otro extremo: un profundo amor hacia lo femenino, hacia nuestro cuerpo de mujer, hacia sus sabios ciclos que tanto nos aportan si les sabemos escuchar y hacia la maternidad y el ser madre en sí. 

El maravilloso y mágico viaje de ser madre, ese adentrarse en lo desconocido de una manera profunda. He tenido que “desmontar” también mi creencia principal: No puedo ser doula si no soy madre. Ahora siento claramente que si puedo ser doula. Sin vergüenza me echo flores a mí misma (que me cuesta bastante) y me doy cuenta que tengo la llamada “actitud”. Esa actitud de acompañar en respeto y en amor a las mujeres. Por otro lado (gracias Florencia, y gracias a mi misma por verlo) si soy madre. Cualquier mujer es madre.

No se me ofendan las mamas del mundo, nada más lejos de mi intención. No he parido, eso es cierto, pero toda mujer tiene en su interior el arquetipo de la Madre, y así lo demostramos continuamente. Cuidamos a Madre Tierra, nuestro hogar, nuestros familiares y amigos, a nuestros proyectos, a los cuales damos luz y los parimos con amor también de alguna manera. Cuidando no desde el sacrificio, sino desde ese amor que nos sale del corazón y de las entrañas. 

Sanadas mis heridas, mis cicatrices lamidas a la vista, siento que debo exponer también lo mío, al acompañar en procesos tan íntimos a las demás.  

Y ahora es cuando viene la auténtica revelación, el deseo enorme que viene de mi alma… hace una semana estoy empapándome de lecturas relacionadas con uno de los temas más dolorosos que puede experimentar una madre (y un padre): la pérdida de un bebé. 

Y si, lo he sentido potente, con fuerza, quiero acompañar esos momentos. 

Leyendo esos libros he entrado en una especie de trance, en una comprensión, empatía y un sentir del dolor de esas madres y padres, a pesar de que no puedo ni acercarme a lo que debe ser la auténtica vivencia. Desde la más profunda humildad, y sin ponerle muchas palabras, hay algo en mí que conecta con este duelo tan desgarrador. 

Cómo puede ser tan maltratada, tan ocultada, tan poco respetada esta vivencia ? Me indigna, mucho. 

Por ello, decido y me muestro. Sí, soy doula, doula de la vida y doula de la muerte. Basta de ocultar la muerte, de negarla, de bloquear y hacer más difícil este proceso en la vida de una madre y de un padre.


Nuestra sociedad inmadura niega y oculta la muerte (me vienen imágenes de hospitales, e incluso de mataderos, en los que “nadie” parece saber lo que realmente pasa). No queremos saber nada de la muerte, le giramos la cara, la evitamos. Evitamos el dolor de cualquier tipo de muerte, como si no fuese con nosotros. Tal vez el más feroz de los tabús ? Todo lo relacionado con el morir está “tapado” entre paredes, vendiéndonos una imagen de limpieza y pulcritud, que personalmente me pone los pelos de punta, pues al traspasar las puertas de esos muros nos encontramos con la cruel realidad: la falta de respeto y de amor en muchas ocasiones (eso en los hospitales, en los mataderos siempre… lo siento por las comparaciones, pero mi alma animalista clama por ello…). 

En un momento de mi vida que vuelvo a sentir la pulsión “Doula”, decido acompañar la vida y también la muerte. Tal vez sonará extraño, atrevido, sin sentido… el no haber parido me conecta con ese duelo como mujer por las hijas e hijos no tenidos (sin arrepentimientos, pues las circunstancias de la vida me han llevado desde el amor y la comprensión a esta decisión), y de alguna manera, atisbo levemente ese dolor, ese desgarro, esa pérdida… y honro la fortaleza de esas madres y esos padres que transitan este camino en una sociedad que parece no estar aún preparada para mostrar y sostener con amor estas vivencias. 

Para terminar, sólo puedo mostrar mi profundo respeto y amor por todas las madres y padres que han sufrido la pérdida de sus bebés… para ellas y para ellos todo mi amor.