Eva Mare Terra

Eva Mare Terra

divendres, 21 de novembre de 2014

Soltando lastre

Chicory, una flor de Bach para soltar...


No es una manera muy elegante empezar un escrito considerando “lastre” a ciertas situaciones, cosas, personas… así que espero se entienda el simbolismo de la palabra, y no como algo literal. Soltar lastre, tal como me ha venido la expresión al iniciar la escritura, significa para mí dejar atrás situaciones, cosas y personas que de alguna manera ya no tienen que estar en mi vida. El porqué, no importa, ha tenido que ser así. A veces ha sido por decisión propia, a veces porqué la situación en sí ha provocado una serie de acontecimientos que han desencadenado ese dejar ir. La manera en que se ha producido ha podido ser más o menos armónica. En mi caso, la armonía en el proceso no siempre está presente…

La vida es cambio, por más que intentemos evitarlo continuamente. Aceptar como fluyen las relaciones humanas para decidir sabiamente si esa persona o situación sigue en mi camino o no, es todo un arte, y en ocasiones requiere de una valentía extraordinaria. Ese soltar lo siento muy relacionado con el poner límites… ahí van dos de mis aprendizajes más profundos en esta encarnación…

Voy a hablar claro, las personas a veces parece que hablamos idiomas distintos. La comunicación se bloquea, y ninguno de los dos canales entiende al otro (o no se quiere entenderlo). Con una tozudez admirable defendemos nuestros argumentos, nuestras heridas, nuestros sentimientos, y rara vez intentamos situarnos en el lugar de la otra o del otro. Cuanta energía gastamos en ello…

Por suerte, con los años me he dado cuenta que no vale la pena malgastar esa energía y me retiro de esas batallas poniendo una barrera energética. Me dejo sentir las emociones que tenga que sentir, que básicamente, y como toda humana, son la tristeza, la rabia… para finalmente aplicarme en las heridas mucho amor, y de paso se lo envío también a la situación o a la persona en sí, pues así debe ser. Siempre hay un efecto colateral, sin embargo, una hermosa noche de insomnio que me ayuda a ver con más claridad todo el asunto… la lucidez de la oscuridad ligada al agotamiento del cuerpo y la mente, me conectan con la intuición. 

Cuantas cosas damos por sentadas… cuanto creemos que sabemos de las otras personas… cuanto criticamos… cuanto miramos nuestro ombligo… cuanto nos victimizamos y nos empequeñecemos en lugar de buscar el diálogo maduro y sabio… pongámonos en el lugar ajeno antes de entrar a juzgar… busquemos y exploremos en los motivos, las razones y la vida ajena para entender sus actos… 

Como parte de mi manera de ser, me examino mucho, no con un afán narcisista y obsesivo, sino con el anhelo de mejorar y crecer como mujer. De ahí el tono, tal vez duro, de este escrito, porque primero paso yo misma por mi “jueza interior”. 

Hay situaciones en las que podemos entrar en conflicto con personas que están pasando por algún proceso que les está mostrando toda su sombra, y ahí reside un verdadero trabajo de equilibrista en el intento de diálogo con esa persona (sin que acabemos vapuleados por la tremenda descarga de emociones y sentimientos que se están generando). 

En mi lado más inocente, siempre quedo desconcertada al descubrir una nueva persona, más completa, más auténtica, pues su oscuridad la hace más verdadera. El tema es no dejarnos invadir por su sombra, sino devolvérsela con amor para que la gestione en su propio crecimiento, para que la acepte y le sirva como aliada para encontrar su esencia y su camino. Por más duro que sea el proceso ajeno, debemos retornarle amorosamente su sombra, no debemos dejarnos “vomitar” encima sus miedos, sus frustraciones, su rabia, pues esto no beneficia a ninguna de las dos partes. Todo debe redirigirse, cerrando los ojos y escuchando la voz interior que nos calma en medio de la tempestad, y respirar…

La luna negra se acerca, mañana su oscuridad estará presente en el cielo y en nuestros cuerpos. De hecho, ya hace días que se siente… No es fácil asumir nuestra oscuridad, ni la ajena… sin embargo, forman parte de nuestro ser y no podemos rechazarla. Escuchemos la oscuridad, la sombra de nuestras entrañas, pues sus mensajes nadan en un mar, oscuro y profundo, que espera que nos zambullamos en sus aguas. Nademos en ese océano de sabiduría auténtica, donde sus tormentas modelan nuestra costa, nuestra tierra, donde nuestra sangre se renueva, donde se gesta la vida y decidimos lo que debe morir. 

Mañana en nuestro círculo de mujeres, vamos a compartir, a soltar, a decidir, a bailar y a cuidarnos a nosotras mismas. Que así sea. 

Muchas gracias, Andrea, Flor y Víctor por sostenerme en medio de las aguas agitadas…  

Unamos todas esas tormentas para crecer juntas y construir un mundo mejor… Bendiciones desde el corazón,

Eva


dilluns, 17 de novembre de 2014

El sentido de Todo, amando ser Doula

Imagen de Lindy Longhurst



Así estoy estos días… preguntándome el sentido de Todo… o al menos de muchas cosas… este existencialismo que me ha caracterizado siempre puede ser un poco “agotador”. 

El sentido de Todo… es la vida en sí, el vivirla… eso lo tengo claro. Siento que tod@s hemos venido aquí a hacer algo, o más bien a Ser, por eso siempre he sido una exploradora. Sin embargo, cuando creo que he encontrado claramente esa misión, algo se remueve y hace que me siga cuestionado cosas. Tal vez eso sea lo correcto, el no conformarse, el seguir avanzando y cambiando (al menos en mi caso…). 

Sueños extraños por las noches, que luego me mantienen insomne al desear vislumbrar esos mensajes secretos… Hay instantes en los que se me revela sutilmente, y claramente, que ese sentido en realidad es la simplicidad, la sencillez. Ah, si… el “problema” es como compaginar esa simplicidad en una sociedad en la que cada día parece todo más complejo. 

Hay días en los que me siento extraterrestre. Observo a la especie humana y me cuesta identificarme… Terrible sensación, pues me separo de la Unidad que somos todos. Soy la única a la que le parece que nuestra sociedad puede ser muy absurda ? Cómo es posible que vivamos en un mundo en el que cada día miles de personas vayan a sus trabajos para poder sobrevivir (y lo de sobrevivir se puede leer también como un “abuso” del vivir, pues el exceso de necesidades está a la orden del día…) ? Y por otro lado, cómo es posible que otros tantos miles de personas no vayan a ningún trabajo porque estos no existen ? (cuidado con lo que entendemos por “trabajo”, pues como ejemplo, observo que la mayoría de tareas cotidianas, por no decir, domésticas, no se consideran “trabajo” a no ser que venga una persona externa y lo haga por los habitantes del hogar…Cuando pagamos a esa persona, en el 99% de los casos, mujeres, se considera trabajo. Si la persona que hace ese mismo trabajo es la madre, esposa, etc… ni se le paga ni se la reconoce como trabajadora. De hecho, y pensándolo mejor, a la mujer que se le paga se la considera trabajadora, pero no es reconocida socialmente… lo cual es otra vergüenza en sí… desgraciadamente, los seres humanos clasificamos los trabajos en jerarquías, algo que personalmente me parece de un patetismo desmesurado). Es el absurdo en estado puro…

Nos han impuesto una estructura social en la que el trabajo es el núcleo sobre el que gira todo lo demás, absolutamente todo. El trabajo es el Rey, el Amo, el Dueño y el Señor. Tanto si tienes, como si no tienes. Y lo tenemos taladrado en nuestras mentes, e incluso me atrevo a decir, en nuestros cuerpos. 

Disfrutamos de nuestros trabajos ? (si tienes...). Disfrutamos la vida, o sencillamente nos limitamos a aceptar lo impuesto y seguir en manada borreguil lo que se dice que es lo correcto ? Mi discurso no es nuevo, no es original, ni pretende nada que no se haya intentado desde hace muchísimos años. Pero es lo que yo me sigo preguntando cada día… de qué manera una servidora y el resto de humanos podemos alcanzar ese estado óptimo de bienestar que tanto proclama la OMS. No nos lo ponen fácil, y la sensación es de qué lo hacen a propósito. Nos confunden, nos agotan, nos atontan, para que se nos quiten las ganas de revolucionarnos. 

Respondemos quejándonos eternamente de lo mal que está todo, en corrillo o en solitario, cuchicheando o gritando, mientras de reojo vamos mirando los muros ajenos del Facebook. Reconozco que a veces me vienen imágenes apocalípticas de seres humanos quemando móviles, portátiles, tablets y más cachivaches tecnológicos, para después acabar sentados alrededor del fuego sin saber muy bien de qué hablar delante de otro ser humano de carne y hueso. Y no estoy en contra de la tecnología, sino de su mal uso. No olvidemos que detrás del artefacto está la persona con su libre albedrío.

Volviendo al trabajo, es consecuente hablar de que para la mayoría de personas, se trabaja para ganar dinero. Y se quiere conseguir dinero para tener cosas, o poder hacer cosas. Aquí cada cual verá que necesidades básicas (o no) tenemos en nuestras vidas, para así tener que recolectar más o menos dinerito. Y es aquí donde surgen los “problemas”… esa relación que tenemos con el dinero, y de la cual ya he hablado alguna vez. Existe el “tanto tienes, tanto vales” ? Lamentablemente, bastante… El primer chakra y sus aprendizajes dan para mucho, ya que toca de cerca la supervivencia. 

No obstante, quería plasmar que parece que son pocas y pocos los que se libran de esa creencia tan arraigada en referencia al “poder adquisitivo” (aquí la palabra poder me suena más patriarcal que nunca…). En definitiva, que un dinero recibido por una entrega de una labor del alma, sea la cantidad que sea, conlleva una energía saludable. Y si es un dinero recibido por algo que no es nuestra labor del alma, pues a veces no tenemos la opción de decidir… la supervivencia impera… sin juicios, sin culpas, es así y punto. Nadie es mejor ni peor que otro por hacer una labor determinada, eso sería de una pedantería y una soberbia repulsiva. 

En definitiva, personalmente, a día de hoy puedo decir que me siento feliz de “trabajar” como Doula y acompañante de las mujeres en sus procesos de vida, y también como terapeuta holística (en mujeres, hombres, animalillos…). De hecho, no lo siento como un trabajo, sino como una pasión, y esa es tal vez la diferencia: el hacer algo que me ilusione, que me enamore, que me motive, y a la vez que me cuestione las cosas para seguir evolucionando en mi camino. Porque no trabajo como Doula y terapeuta holística, sino que Soy Doula y terapeuta holística… lo siento, lo vivo. Después de un fin de semana rodeada de bellas y sabias mujeres en nuestra formación de doulas, me siento bien llenita de amor por dentro… 

Si se me ha entendido o no, no lo sé, pues a veces no me entiendo ni yo. Por si a alguien le resuena, que entre líneas huela, sienta, intuya, lo que he intentado transmitir: que sigamos explorando en nuestro interior hacia dónde queremos ir, decidiendo lo más sabiamente que podamos. Y si nos equivocamos (que siento, no es casualidad, y por tanto, no será equivocación) pues será una nueva oportunidad para cambiar de rumbo. El caso es no apalancarse, acomodarse, aburrirse, conformarse, resignarse… sin entrar en otra frase mítica “Aquí estamos… luchando”, no luchemos, fluyamos, aceptemos, inventemos, adaptemos…

Me despido, altamente filosófica, y bajo la influencia de este mes de noviembre que mueve profundamente mi ascendente escorpiniano. Con amor,

Eva

dilluns, 10 de novembre de 2014

Surtido variado (escrito en la última luna llena)

Bella imagen (autor/a desconocida)



Pues sí, surtido variado, porque este escrito va a tener variedad de temas. Así estoy, sintiendo mi géminis solar plenamente. 


Cuando una se levanta por la mañana y se pone a cantar “Gracias a la vida” de Violeta Parra mientras decide que ya es hora de poner el edredón de invierno, además acompañada de la influencia de la luna llena, y con el sangrado ya asomando por mis partes sagradas, indica con alta probabilidad, que me siento feliz. 


Inmensamente agradecida por todo lo que he vivido, por todos los aprendizajes, los buenos y los no tan buenos (incluso los espantosos…). Y es que vivir es un privilegio del que no tomamos conciencia muy a menudo. Existen esos días, en los que te levantas con una canción en tu corazón, y se te despierta ese recuerdo de lo maravilloso que es vivir. De repente es como si se te revelase una verdad que frecuentemente olvidamos, inmersos en nuestra peculiar y ocupada humanidad. 


Y claro, cuando ya te levantas por la mañana con esta actitud, no te extrañe si me pongo a mirar a mis plantas esperando a que me hablen, a que me digan algo, a que me revelen el misterio de su existencia vegetal. Porque ellas hablan. Acostumbradas están a estar a mi lado cuando medito, hago sanaciones o diversos rituales, y de vez en cuando percibo en mi cuerpo y en mi alma, ligeras corrientes energéticas llenas de amor. Una energía que te acaricia como una pluma, como el pelo de un conejo, y que a la vez transmite la fuerza de un ciervo en el bosque y el trote de un lobo libre en el monte. Y me sumerjo en el mundo salvaje, transformándome en planta y en animal yo también…


Mi cuerpo venía reclamando ya hace meses que volviese a practicar yoga. Y mi alma también… Maravilloso regalo me he hecho. El placer del yoga me sume en un estado de paz y amor absolutamente divino. Aprovecho para hacer un minuto de publicidad, y decir que agradezco profundamente y de corazón a mi maestra de yoga, Mercé, del Centre Arrels por sus amorosas clases, en un espacio tan bello y acogedor. El yoga aumenta mi nivel de amorosidad a niveles insoportables que luego debo canalizar debidamente (bienvenido sea).


Precisamente ayer adquirí un pequeño surtido de inciensos en Arrels, y que deleite para el olfato… siempre me impresiona la capacidad que tiene este sentido para transportarnos a lugares, provocar sensaciones, evocar recuerdos, e incluso cambiar el estado de ánimo. Al menos a mí me pasa. Siempre me han dicho que soy un poco perra (por el olfato, se entiende…). Me siento un poco Jean Baptiste Grenouille, el protagonista del libro, y la película (maravillosos ambos), “El perfume”. Eso sí, sólo por el olfato, no por sus actos en la búsqueda del perfume perfecto. 


Olfato y tacto van unidos, cuando huelo algo agradable, se me activa también la necesidad de tocar, acariciar o sentir algo en la piel también. Debe ser algo animal… a lo que le sigue el gusto, con ganas de explorar algo delicioso en mi paladar. 


Y para no dejar de lado a los otros dos sentidos: la vista y el oído, mencionar a la adorable gatita que vive alrededor de nuestra comunidad. Verla desde la cocina durmiendo en forma “ensaimada”, y escuchar su irresistible “miau” como llamada al lanzamiento de alimentos, me provoca sentimientos prácticamente maternales. La magia se “rompe” cuando una urraca (en ocasiones han sido dos) se dedican a “jugar/molestar/hacer la vida imposible” (definido por mí misma como cat bulling) con la sufrida gata. El espectáculo no tiene desperdicio. El riesgo que asumen estas aves es admirable, pues increpan al felino con una intensidad y proximidad que parece casi suicida. El por qué hacen esto las voladoras blancas y negras, lo ignoro. Ignoro si protegen sus nidos, o sólo practican un juego digno de adolescentes. Imposible no esbozar una sonrisa… animalitos… 


Respecto a ese “otro” sentido, el sexto dicen, es tal vez el más misterioso y porque no, el más potente. Siento que en ese sexto sentido, en esa intuición, reside más que un sentido. Yo diría un conjunto combinado de sentidos… infinitos… profundos… sabios… 


Por último, escribir. Me gusta, me hace soltar y tomar conciencia, sin importarme si es de calidad o no, si lo lee alguien o no. Escribo como me alimento, lo necesito. Casi es inevitable cuando se ha sido (y se es) una lectora compulsiva, acabar haciendo lo mismo al revés, es decir, escribir. Algo muy geminiano también, por cierto, la comunicación. 


Con sueños de troncos de árboles con rostros, nubes con forma de ángel, pasteles de zanahoria, niñas y niños corriendo en la naturaleza, olor a cervatillo y calorcillo del fuego en una vela de color verde, os deseo un armonioso día y una vida próspera y feliz (me siento navideña ya ?),


Eva


dimecres, 5 de novembre de 2014

El arte de poner límites

Imagen de Lindy Longhurst

Sí, todo un arte el poner límites. Parece que algunas personas lo llevan “incorporado de fábrica”, es decir, que no les resulta dificultoso, que lo hacen de forma natural, casi sin que se note, incluso me atrevo a decir, como si su aura estuviese blindada y sin el menor esfuerzo, nada penetrase en ell@s. No es este mi caso particular. De hecho soy altamente permeable. Esto conlleva aspectos positivos, y otros no tanto… me permite conocer a las personas más allá de lo que muestran, de lo que mostramos, viendo lo que yace en las profundidades (con margen de error natural, no soy una máquina). Si confío en mi intuición, esta me lleva por el buen camino, y capto energías, digamos, más sutiles. En mi trabajo me ayuda a ponerme en el lugar de la otra persona muy fácilmente, como si yo me disolviera y entrará en el universo ajeno. 


Esta permeabilidad, esta disolución, sin embargo, comporta otros aprendizajes que para mí son de lo más potente. Y es el arte de poner límites. 


Retrocediendo en el tiempo, y tal como compartí en nuestro último círculo de mujeres, mi madre siempre comenta que cuando era pequeña siempre decía “No” a todo. Me impacta, porque de hecho, la percepción que yo tengo es que toda la vida he dicho “Si” a casi todo (muchas veces queriendo decir No…). Dónde ha ido a parar esta niña ? Es evidente que habita en mí, que es mi esencia, y que en algún momento ella se perdió en un mundo en el que eligió satisfacer a los demás para agradar, en lugar de conservar su capacidad de decisión. 


Para alegría personal, esa “fuerza del No” ha regresado a mí desde hace ya algún tiempo. En mis aprendizajes esta “lección” debía ser mirada y gestionada sin más demora. De nuevo, siento, y especialmente, desde el verano, que vuelvo a decir a todo que no (o a casi todo…). Me maravilla lo que mueve una simple palabra… las reacciones… una y otra vez han surgido situaciones para que tuviese que elegir entre mi Verdad, o la de los demás. Decir No muchas veces provoca enfados de respuesta titánica, de niveles altamente variados. Encajar todo esto me ha costado más, por la falta de práctica, que el mencionar tan sencilla palabra. 


Estos “Nos” reiterados surgen de una necesidad vital de buscar mi espacio, de establecer mis límites, de proteger mi tiempo y lo que hago en él. 

Lamentablemente no puedo estar disponible para todo el mundo, al menos ya no. He decidido estar disponible para mí misma de una vez por todas. Esto no significa que vaya por el camino de una ermitaña, sino que elijo cuando es el momento para abrirme. Esta es la diferencia, “Elijo”.


Es imposible estar disponible todo el tiempo, y eso es lo que me he estado exigiendo muchos años. Ya no. Nuestra disponibilidad tiene límites. Nos entregamos a la otra o al otro con amor, y cuando es el tiempo de terminar, debe terminar, y pasar a otra cosa. Sin remordimientos, sin culpabilidades. 


Anhelo conseguir ese equilibrio entre el dar y el recibir. Hay momentos de entrega, y hay momentos para buscar nuestro espacio. Y me fascina como se mueve la energía, porque realmente se han producido cambios en mi vida significativos desde que he sacado a pasear a esta guerrera amorosa. Me gusta decir no. Y como me está gustando decir no, para mí es mucho más fácil decir sí. Porque esta vez, será un “Sí” sincero, verdadero. En definitiva, me muestro como una mujer más auténtica. 


Otro factor importante, lo confieso, es que cada día que pasa me importa menos lo que se piense de mí. Me importa seguir mi camino, ser coherente con mi alma. La buena noticia es que jamás podremos agradar a todo el mundo, hagamos lo que hagamos, lo cual, en realidad nos da una libertad absoluta de decidir sabiamente. 


Personalmente prefiero un No sincero, a un Sí falso o forzado, por parte mía y por parte de los demás. El arte de poner límites, al final, es una lección de amor. Amor hacia nosotr@s mism@s y hacia las otras personas. Una vez más, el respeto como pilar en nuestra vida. 


Curiosamente inspirada por la inminente Luna llena, y sintiendo que este escrito es también parte de ese poner límites, me despido con todo amor,


Eva