Eva Mare Terra

Eva Mare Terra

dimecres, 31 de desembre de 2014

Historia de una doula

Imagen de Amanda Clark

Año nuevo, historia nueva… y en esta ocasión he decidido narrar cual es mi génesis como doula. Y debo empezar por el principio… Mi principio no es como el de muchísimas doulas, que han experimentado la alegría de la maternidad, y han decidido dedicarse a ello después de vivir esta hermosa experiencia, mi principio fue así…

El día de mi nacimiento. Un nacimiento que reviví (entre otras muchas cosas) en un taller de Rebirthing de la mano de Ángeles Hinojosa. Es curioso cuan diferente puede ser la percepción de la madre de la del bebé, pues mama siempre me ha explicado su parto como fácil, y “que no se enteró de nada”. Hacia los años 70 ya estaba en auge el parto hospitalario, y el terror a los dolores de parto hacía que a muchas mujeres se les ofreciesen anestésicos para ello, entre ellos la anestesia general. Y así nací yo, rápido, muy rápido. De hecho, casi no llegan a tiempo para la anestesia. Mama dilató casi sin darse cuenta en casa, y al llegar al hospital deduzco que ya estaba a puntito… A diferencia de mi gestación, en la cual me sentí muy querida, inmersa en ese acogedor entorno uterino materno, mi llegada a este mundo fue recibida con la más absoluta de las soledades… y terror. Mama tumbada en la camilla del quirófano, ausente, inerte bajo la anestesia, papa tampoco estaba… y yo sostenida bajo brazos poco delicados y desconocidos, un frío glacial, potentes luces, y alejada de ella ante mis gritos y una angustiosa sensación de caída al vacío. No hay juicio, no hay culpas, así debía ser vivido para que tal vez haya elegido estar donde estoy y vivir también toda una serie de aprendizajes. 

Y fui creciendo, convencida de que ser mujer era “un rollo”, y que los hombres lo tenían todo mucho más fácil. Muchos años más tarde, y como he explicado en anteriores posts, mi cuerpo, mi útero me envió un potente mensaje que me hizo despertar y sanar mi feminidad herida. Muchos bloqueos en mi interior, entre ellos todo lo relacionado con la maternidad. Miedo, terror, pánico, rechazo, ante la idea de parir… Y con ese miedo mantenido fueron pasando años, muchos años… manifestando contundentemente que si en algún momento deseaba tener hijos, iba a adoptar, y además una niña africana, lo tenía muy claro (Rebirthing también me dio luz sobre esto… tantos hijos perdidos, tanta muerte… tantos lugares… todo visto y sentido durante ese potente taller… también tanta alegría, tanta libertad, tanto amor… algún día narraré todo lo que se abrió). 

Y entré como mujer adulta en la “maquinaria social productiva”, trabajo, trabajo, trabajo… trabajo en el que siempre manifestaba con pasión que la maternidad no era para mí, sin poder tampoco explicar los motivos claramente, viviendo ese cuestionamiento contínuo de la gente hacia esa elección como una violación de mi intimidad, incluso de mi vida sexual. Insoportable… las mujeres que eligen no tener hijos, por los motivos que sean, jamás deben ser cuestionadas, pues detrás de esa elección residen mil historias que no competen a nadie más que a la mujer, y en todo caso, a la pareja de ésta. Y por supuesto, no se es “menos mujer” por ello… aunque así lo sentencie la sociedad (es decir, las personas). 

Y llegó el día en el que me leyeron mi carta astral, Josep Guarch, un magnífico maestro me abrió a los misterios de mi interior. Misterios que me removieron hasta la médula y que escuche con un estupor cada vez más creciente. Pues al llegar al tema profesional, laboral, se mencionó que ser doula estaba en mi camino y que además me ayudaría a sanarme en muchos aspectos. Jamás había escuchado la palabra, y cuando se me explicó lo que era entré en pánico. Acompañar la maternidad ? Sí, es cierto que la Vida siempre me ha fascinado, por eso soy bióloga, por amor a las maravillas de la naturaleza. Pero… me evocaba miedos del pasado… 

Y sorprendentemente, ese “pero” fue desbloqueándose lentamente desde un lugar oculto, el inconsciente. De vez en cuando “exploraba” formaciones de doulas, y sentía una completa fascinación ante los programas y los temarios. Algo estaba cambiando… Me descubría a mí misma una y otra vez buscando información… hasta que finalmente, por un impulso totalmente irracional, me apunté a la formación en Doulas Conciencia. Y menudo viaje… detrás de cada uno de los talleres se me iban abriendo puertas, se me revelaban heridas, y poco a poco, fui sanando esa feminidad y maternidad heridas. Fui reconciliándome con la maravilla de ser mama, pasando de un extremo al otro. Del rechazo, a la pasión, porque detrás de ese rechazo, en realidad lo único que había era miedo y dolor (que no es poco…). Así que fui dándole mucho amor a ese miedo, y a sacar poco a poco a esa tremenda mujer madre que llevo dentro. No tengo hijos, aunque si me considero madre, o dicho de otra manera, maternal. Todas y cada una de nosotras somos madres. Todas tenemos esa capacidad de dar vida, de alimentar, de cuidar y de proteger. El cómo lo hacemos es una elección personal. 

Aún me acuerdo de pequeña, siempre con un peluche o una muñeca entre mis brazos, que sostenía amorosamente… 

Como agradecer a toda esa manada de mujeres que viajaron conmigo ese año durante la formación de doula… el sostén del grupo, de otras mujeres, me evidenció la necesidad que tenemos de volver a la “tribu”, al compartir… 

Durante la formación se abrió el duelo, mi duelo… El que no se haya podido dar la posibilidad de que mi “niña de las estrellas” haya viajado hasta mí y haya llegado a la vida a través de mi cuerpo… la siento cerca, a veces le hablo, y le cuento que tal vez en una próxima vida nos encontraremos… un duelo amoroso, consciente, vivido desde la madurez y desde la elección personal. Este duelo me ha enseñado tantas cosas… a amar la maternidad, y a sostener nuestras muertes, nuestras pérdidas… me ha hecho mucho más fuerte y me ha colocado en el lugar que debo estar para sostener y acompañar a otras mujeres. 

Respeto en lo profundo a las mujeres que deciden que no quieren ser acompañadas por una doula que no haya parido. Lo respeto y lo entiendo de corazón. 

También conozco a muchas mamas que han tenido hijos y comentan la sensación de no haber parido porque el sistema médico les ha “arrebatado” su parto… Está claro que el nacer, el parir, nos mueve cosas muy profundas de nuestra propia experiencia de vida y que el entorno social tiene un papel muy grande en ello, tal vez demasiado… 

En definitiva, que lo que siento con claridad, es que con toda mi experiencia de vida (y vidas…) me voy a entregar con todos mis recursos y con todo lo que soy para que la vivencia de la maternidad en las mujeres sea tan maravillosa, mágica, respetada y sagrada como debe ser. Deseo ayudar a recordar a las mujeres toda la sabiduría que está en nuestros cuerpos y a recuperar el instinto y la confianza en nosotras mismas, pues en nuestro interior reside una fuerza infinita. 

Además, todo lo relacionado con la infancia y la crianza me fascina, y cada día más… será porque tengo muy presente a mi niña interior, una niña alegre, curiosa y risueña, juguetona en extremo (cosa que detectan inmediatamente las niñas y los niños)… La naturaleza, el estudio y la lectura son mis pasiones, y también soy una defensora de la justicia, la igualdad y los derechos para tod@s. Esta rebeldía antes las injusticias del sistema siempre ha sido muy mía… 

Esta no es una declaración de las herramientas que poseo para acompañarte como doula, sino una declaración de quien soy. Para viajar juntas en este viaje, debemos abrirnos hacia lo más profundo, para que la claridad que reside allí nos ilumine el camino. No es el momento de ocultar historias, de dudar, es el momento de mostrarme claramente como soy y de dónde vengo, y a quien lo sienta, a su lado estaré para cogerle la mano con fuerza, a mirarla a los ojos y espero que, a hacerle el camino mucho más fácil. 

No voy a detenerme en el camino, voy a seguir andando, abriendo puertas y posibilidades. Ya no hay vuelta atrás, hay puertas que cuando se abren hay que dejarlas abiertas para que corra el aire de la renovación. Este es mi primer deseo para 2015, aire sano, puro, fresco… abramos todas las puertas, todas las ventanas… y “revolucionémonos” con amor. 

Mientras escribo esto veo el sol como va saliendo, poco a poco, lentamente… y veo también al gato de los vecinos que me mira por la ventana, curioso… escucho los sonidos de la urraca… huelo el incienso… saboreo mi infusión… y agradezco a la Vida por todo… 

Feliz 2015,

Eva



dimarts, 9 de desembre de 2014

La Cerrada, celebrando un nacimiento (para tu post parto, o no…)

Imagen de Lindy Longhurst


Aprendí este hermoso ritual durante la formación “El viaje de la mujer cíclica”, y lo agradezco enormemente, pues en mi trabajo como Doula es un bello regalo para ofrecer a las mamas.

No obstante, esta ceremonia la puede disfrutar todo el mundo, mujeres y hombres en cualquier momento de su vida, sin necesidad de asociarlo exclusivamente al post parto, pues en definitiva es muy beneficiosa para cerrar cualquier proceso o etapa que hayamos vivido. 

La Cerrada ha sido transmitida por las parteras mejicanas para ser realizada durante el post parto maternal. Después del alumbramiento se produce una apertura a todo nivel en la mujer, y la Cerrada nos ayuda a recuperar nuestro centro, recogiendo las energías, liberando posibles dolores, en un lugar en el que recibimos abrazo y contención. De la misma manera, y por el procedimiento en el que se lleva a cabo el ritual, sentimos nuestros límites y fortalecemos nuestra aura, facilitando la integración a un nivel corporal, emocional, mental y espiritual. 

La Cerrada se realiza en un espacio de sostén, amoroso, tranquilo, en el que dos mujeres acompañan a la persona durante el proceso de la ceremonia. 

Si sientes que quieres cerrar una etapa en tu vida, te invito a que experimentes esta técnica ancestral. Con amor,

Eva




La bendición mundial del útero, abriendo el corazón

Imagen de Miranda Gray

Este sábado día 6 de diciembre tuvo lugar la última bendición mundial del útero del año 2014, bendición que celebré a solas en casa, sintiendo la presencia de mi compañero Víctor, así debía ser. Al regresar a casa de un día de descanso y ocio en familia, observé la luna llena en el cielo, inmensa, brillante, acuática y amorosa. Supongo que me habló… Me dispuse a celebrar la bendición de una forma espontánea, fuera de hora, sin muchos elementos, simple y llanamente coloqué a mi lado la meditación del árbol del útero, una vela y mi cuenco de Moon Mother, representando el útero de todas las mujeres. Cansada y práctica (entrando ya en la fase doncella), sentí que no hacía falta nada más. 

Efectivamente, no hizo falta nada adicional para abrir lo que se abrió… al cabo de unos minutos de estar enviando energía a través del cuenco del útero, empecé a sentir una conexión muy fuerte con todas las féminas del planeta, de todas partes del mundo, imágenes de mujeres de distintos lugares, mujeres de edades diversas, culturas, las sentía unidas a través de la energía de este día tan especial. Y la luna sobre todas nosotras… La conexión con la Madre Tierra, con la Madre de todas y todos… su presencia también presente, ese cuerpo de la Tierra en mí, los árboles, animales, plantas, ríos y mares, montañas… y mi corazón se empezó a abrir. 

Una abertura que me pilló por sorpresa, pues su fuerza no la sentí tan sólo a nivel emocional, sino también a nivel físico. Las costillas y la caja torácica parecían crecer, y mi corazón empezó a bombear energía amorosa hacia el cuenco, hacia el universo, y hacia todo mi ser. Todo un regalo de la Vida. Esta energía vino acompañada de mensajes personales, mensajes sabios y contundentes. Y al terminar, la liberación emocional, llanto de emoción, llanto de alegría, sostenida por Víctor y su energía lunar innata. 

Cada bendición es un regalo, un despertar, un recordar, un conectar y un sentir a otro nivel. Muchas gracias de nuevo, Miranda, por crear la oportunidad de encontrar espacios para conectar con lo divino femenino. Que esta hermosa técnica se expanda más y más para que más corazones se abran, tanto en las mujeres, como en los hombres (sí, podemos ofrecer “el regalo” a los hombres también). Son momentos en los que la necesidad de que abramos los corazones y sintamos la unión con el Todo es vital. 

Desde mi corazón “hippie”, siento con certeza que el amor es la fuerza más grande del Universo. Bendiciones para tod@s desde mi corazón bien abierto,

Eva

Si lo sientes…

 
Imágenes de Lindy Longhurst y Miranda Gray

divendres, 21 de novembre de 2014

Soltando lastre

Chicory, una flor de Bach para soltar...


No es una manera muy elegante empezar un escrito considerando “lastre” a ciertas situaciones, cosas, personas… así que espero se entienda el simbolismo de la palabra, y no como algo literal. Soltar lastre, tal como me ha venido la expresión al iniciar la escritura, significa para mí dejar atrás situaciones, cosas y personas que de alguna manera ya no tienen que estar en mi vida. El porqué, no importa, ha tenido que ser así. A veces ha sido por decisión propia, a veces porqué la situación en sí ha provocado una serie de acontecimientos que han desencadenado ese dejar ir. La manera en que se ha producido ha podido ser más o menos armónica. En mi caso, la armonía en el proceso no siempre está presente…

La vida es cambio, por más que intentemos evitarlo continuamente. Aceptar como fluyen las relaciones humanas para decidir sabiamente si esa persona o situación sigue en mi camino o no, es todo un arte, y en ocasiones requiere de una valentía extraordinaria. Ese soltar lo siento muy relacionado con el poner límites… ahí van dos de mis aprendizajes más profundos en esta encarnación…

Voy a hablar claro, las personas a veces parece que hablamos idiomas distintos. La comunicación se bloquea, y ninguno de los dos canales entiende al otro (o no se quiere entenderlo). Con una tozudez admirable defendemos nuestros argumentos, nuestras heridas, nuestros sentimientos, y rara vez intentamos situarnos en el lugar de la otra o del otro. Cuanta energía gastamos en ello…

Por suerte, con los años me he dado cuenta que no vale la pena malgastar esa energía y me retiro de esas batallas poniendo una barrera energética. Me dejo sentir las emociones que tenga que sentir, que básicamente, y como toda humana, son la tristeza, la rabia… para finalmente aplicarme en las heridas mucho amor, y de paso se lo envío también a la situación o a la persona en sí, pues así debe ser. Siempre hay un efecto colateral, sin embargo, una hermosa noche de insomnio que me ayuda a ver con más claridad todo el asunto… la lucidez de la oscuridad ligada al agotamiento del cuerpo y la mente, me conectan con la intuición. 

Cuantas cosas damos por sentadas… cuanto creemos que sabemos de las otras personas… cuanto criticamos… cuanto miramos nuestro ombligo… cuanto nos victimizamos y nos empequeñecemos en lugar de buscar el diálogo maduro y sabio… pongámonos en el lugar ajeno antes de entrar a juzgar… busquemos y exploremos en los motivos, las razones y la vida ajena para entender sus actos… 

Como parte de mi manera de ser, me examino mucho, no con un afán narcisista y obsesivo, sino con el anhelo de mejorar y crecer como mujer. De ahí el tono, tal vez duro, de este escrito, porque primero paso yo misma por mi “jueza interior”. 

Hay situaciones en las que podemos entrar en conflicto con personas que están pasando por algún proceso que les está mostrando toda su sombra, y ahí reside un verdadero trabajo de equilibrista en el intento de diálogo con esa persona (sin que acabemos vapuleados por la tremenda descarga de emociones y sentimientos que se están generando). 

En mi lado más inocente, siempre quedo desconcertada al descubrir una nueva persona, más completa, más auténtica, pues su oscuridad la hace más verdadera. El tema es no dejarnos invadir por su sombra, sino devolvérsela con amor para que la gestione en su propio crecimiento, para que la acepte y le sirva como aliada para encontrar su esencia y su camino. Por más duro que sea el proceso ajeno, debemos retornarle amorosamente su sombra, no debemos dejarnos “vomitar” encima sus miedos, sus frustraciones, su rabia, pues esto no beneficia a ninguna de las dos partes. Todo debe redirigirse, cerrando los ojos y escuchando la voz interior que nos calma en medio de la tempestad, y respirar…

La luna negra se acerca, mañana su oscuridad estará presente en el cielo y en nuestros cuerpos. De hecho, ya hace días que se siente… No es fácil asumir nuestra oscuridad, ni la ajena… sin embargo, forman parte de nuestro ser y no podemos rechazarla. Escuchemos la oscuridad, la sombra de nuestras entrañas, pues sus mensajes nadan en un mar, oscuro y profundo, que espera que nos zambullamos en sus aguas. Nademos en ese océano de sabiduría auténtica, donde sus tormentas modelan nuestra costa, nuestra tierra, donde nuestra sangre se renueva, donde se gesta la vida y decidimos lo que debe morir. 

Mañana en nuestro círculo de mujeres, vamos a compartir, a soltar, a decidir, a bailar y a cuidarnos a nosotras mismas. Que así sea. 

Muchas gracias, Andrea, Flor y Víctor por sostenerme en medio de las aguas agitadas…  

Unamos todas esas tormentas para crecer juntas y construir un mundo mejor… Bendiciones desde el corazón,

Eva